domingo, 24 de enero de 2021

Una Educación Justa

La Justicia es una tarea Política. La Educación es condición de posibilidad para la Justicia. Educación y Política, por lo tanto, se encuentran en el tortuoso sendero de la lucha por la Justicia.

    Un punto de partida, requisito necesario para el "éxito" en educación, es que ésta sea justa. Una educación justa debe renunciar a la idea de que todos partimos de las mismas condiciones de posibilidad para la adquisición de las capacidades necesarias para desarrollar una vida en libertad. Si renunciamos a ese criterio igualitarista la actuación pedagógica y los recursos empleados no pueden ser los mismos para todo el mundo. 

    La personalización de la educación, poner el foco y el diagnóstico en el individuo concreto atendiendo a los factores psicobiológicos junto a los contextuales (situación socioeconómica y familiar), es condición necesaria para que la educación sea justa. Una educación que no sea justa abona el terreno para la injusticia social. Dicho de otra manera, la injusticia social se nutre de un sistema educativo no justo.

    Un educación justa, siguiendo el enfoque de "desarrollo humano" o "de las capacidades", debería plantearse qué puede ser y qué puede ser capaz de hacer un/a alumno/a y qué tipo de oportunidades el sistema educativo va a generar en ese/a alumno/a para que sea capaz de tomar las mejores decisiones en los distintos ámbitos fundamentales de su vida. Y esto es una decisión política, para lo que hará falta inteligencia y ética política. Política, ética e inteligencia, ¿cuándo dejaron de ir de la mano?

    El éxito de la educación vendrá en función de las oportunidades que abra a las personas. El fracaso educativo es en sí mismo una injusticia. Imposibilitar el desarrollo humano, dificultarlo negando las oportunidades de su realización, impedir que una persona pueda desarrollar las capacidades necesarias para poder tomar decisiones con libertad, es un atentado contra los Derechos Humanos de esa persona por muy liberal y democrática que sea la sociedad. Qué libertad de expresión puedo tener si no se me ha preparado para tener y expresar argumentos, qué libertad de decisión puedo tener si no tengo las herramientas o habilidades personales para poder hacerlo, que libertad puedo ejercer, en definitiva, si no me han formado para ser libre.

    El fracaso en educación no puede ser nunca un fracaso del individuo que no alcanza un umbral mínimo educativo para desarrollar su vida en libertad y con bienestar. El fracaso será siempre del sistema, con sus responsables en cascada, que no han logrado posibilitar ese mínimo de capacidades ajustadas a las oportunidades que la sociedad debe brindar y blindar.

    El Estado democrático tiene una responsabilidad en todo esto si quiere ser un Estado justo. La educación se hace necesaria también para que las personas puedan desarrollar un papel activo como ciudadanos/as, es decir, una participación eficiente e inteligente en un sistema político como el nuestro. Una democracia sin una educación justa se incapacita a sí misma. Una educación justa sin democracia es un contrasentido. Cuidado con las carencias educativas, una educación no justa, que hagan peligrar a la larga el propio sistema democrático. 

    La educación es la gran herramienta para la justicia y la democracia, pero también puede ser utilizada como herramienta para subvertir estos propios valores. Y ya no estamos hablando sólo del sistema formal sino de todas aquellos agentes comunicativos e instituciones más allá de la escuela que forman a la ciudadanía en uno u otro sentido. Y entre ellos, no se nos olvide, está la propia acción de políticos y partidos que "nos enseñan" una forma de ser y de actuar precisamente poco o nada "educada" y, por tanto, poco o nada justa ni democrática.


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