lunes, 25 de enero de 2021

Una Educación para la Justicia

 No hay paz sin justicia. Educando en la justicia construiremos una convivencia más libre y democrática.

    Si una educación en un sistema democrático ha de ser justa, también debe posibilitar las competencias necesarias para generar justicia como tarea ciudadana y política. La justicia es y debe ser un principio rector de unas relaciones sociales e institucionales que pretendan ser realmente democráticas. Las relaciones justas implican por una parte la disposición de herramientas personales y colectivas que nos permitan convivir y cooperar desde la búsqueda del bien común, y, por otra parte, el compromiso ético ciudadano y político por enfocar nuestra acción social con especial preocupación y ocupación por las personas y colectivos más vulnerables.

    Cuando hablamos de mayor vulnerabilidad me refiero a la consecuencia de la no disposición de esos recursos materiales y formativos (fin de una educación justa) para establecer esas relaciones horizontales que nos permitan una convivencia justa. También la mayor vulnerabilidad viene o puede venir por dificultades producto de la propia constitución natural o por enfermedades sobrevenidas. No obstante, hablar de vulnerabilidad es hablar de una característica constitutiva del ser humano y que una sociedad justa y comprometida con la justicia debe siempre tener en el foco (hoy en día tenemos sobrados motivos para hacernos consciente de ello).

    Por tanto, la educación debe formar a las personas en su competencia como agentes que trabajan por la justicia y en la transformación de aquellas realidades y relaciones injustas. Hablar de competencia es hablar de conocimiento, de capacidad y de actitud. Todo ello implica también un necesario compromiso ético (formación en valores) y una voluntad que lo lleve a la práctica.

    La política, como compromiso ciudadano activo por hacer un mundo más justo y unas relaciones personales e institucionales más justas, debe ser por tanto parte integrante de un sistema educativo que apueste por la justicia. Alejar la política como contenido y práctica curricular de la escuela o de la universidad no hará sino hacernos más vulnerables a la acción precisamente política de aquellos que quieran subvertir el orden democrático y nuestro sistema de libertades.

    Una educación para la justicia debe apostar por una mirada que entienda las relaciones humanas desde una visión global. Por otro lado, debe motivar y capacitar para la acción ciudadana y la participación política desde los ámbitos más locales hasta los más globales. 

    En nuestro mundo lo local y lo global se encuentran sujetos a unas relaciones de interdependencia fácilmente observables, si bien la lógica de actuación formativa y de participación por y para la justicia debe partir de lo más local, incluso desde el ámbito familiar (relaciones justas en cuanto a derechos y responsabilidades), pasando por la vecindad, el barrio, la localidad, Comunidad Autónoma, Estado, hasta llegar a esa concepción del mundo global con las siguientes responsabilidades y deberes.

  

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