domingo, 31 de enero de 2021

Soy justo, luego pienso.

    No cabe duda que gran parte de las injusticias que se dan en este mundo tiene que ver con la desigualdad y falta de oportunidades vitales para el buen y justo desarrollo de las personas y de las comunidades. La cultura hiperconsumista que se sustenta en una concepción de la economía y del mercado neoliberal y de la que es también su producto, necesita una política, un sistema y una cultura política, que le sirva de cimiento para generar un tipo de pensamiento que promueva en el individuo el deseo y la necesidad de consumir (y por tanto de generarse riquezas para ello). Esto tiene que ir unido a un individuo "ego-centrado" y con una miopía social, lo suficientemente acrecentada, para evitar cualquier atisbo de emoción compasiva hacia los que sufren las consecuencias de esta cultura y economía neoliberal.

    Por su componente de cultura que entiendo que tiene y sobre el que se asienta este estilo de vida necesitado de un consumo desorbitado y de acusada insensibilidad social, se tiene tan interiorizado que el problema no creo que sea un egoísmo consciente o la mala voluntad de causar daño al prójimo, sino la incapacidad de plantearse una alternativa en nuestro estilo de vida, necesidades y deseos producto de una incapacidad, nuevamente, de pensar de forma crítica. La falta de pensamiento crítico y de políticas que en sus propuestas y acciones lo promuevan, se convierte en el gran caldo de cultivo para mantener y potenciar este neoliberalismo asentado sobre grandes columnas de injusticias y de atentados a la dignidad de las personas y las comunidades.

    Y como he dicho es un problema de "capacidades", por lo que nos remitimos a la educación como el sistema que debiera ser el principal promotor del pensamiento crítico.

    Pensar de forma crítica tiene que ver con la razón, con la emoción y con las circunstancias que nos rodean. Por tanto, para aprender y desarrollar la capacidad del pensamiento crítico se requiere de conocimiento, gestión de las emociones y conciencia de nuestras propias circunstancias y experiencias que nos condicionan de gran manera nuestra forma de percibir y entender la realidad.

    El gran enemigo del neoliberalismo como cultura y estilo de vida y de la política como servidor del mismo es el pensamiento crítico, sustentado en una mirada global y con el criterio de justicia como abanderado.

    Echemos una mirada a las actuales prácticas políticas y/o actitudes de nuestros políticos y nos daremos cuenta, que al margen de las bondades que puedan tener algunos idearios e ideologías, la cultura de la confrontación, del odio, del "otro" como enemigo, del etiquetaje y de la generación de emociones negativas como instrumento de movilización de masas, atacan de raíz cualquier promoción y cultivo del pensamiento crítico que, por contra, se debe sustentar en el diálogo, en la búsqueda conjunta de la verdad, en el análisis desapasionado, en la apertura de miradas globales al otro y a lo otro, en la valoración de lo distinto y de la pluralidad constructiva... y, sobre todo, en un sistema educativo que lo promueva.

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