Aporofobia. El rechazo
al pobre. Adela Cortina.
La pobreza no deja de ser noticia. Cáritas advierte. La crisis de la pandemia intensifica los (d)efectos económicos en nuestra sociedad y se ceba como siempre en los más vulnerables. La pobreza es sinónimo de injusticia. Y esto, es una cuestión política.
A todos los efectos somos homo sapiens. Hoy podemos estar tomando más consciencia de ello, no precisamente por lo de sabio (sapiens) sino por lo de nuestra naturaleza prehistórica e instintiva de supervivencia. Y precisamente por ello, nuestro cerebro funciona de forma que nos hace ser “aporófobos”. Sentimos aversión, rechazo al pobre. Por nuestras raíces cerebrales se puede decir que “los seres humanos estamos dispuestos a dar con tal de tener expectativas de recibir algo a cambio, que estamos dispuestos a cooperar como una forma más inteligente de sobrevivir, y de sobrevivir bien, que buscando el conflicto… En la sociedad contractualista y cooperativa del intercambio se excluye al radicalmente extraño, al que no entra en el juego del intercambio, porque no parece que pueda ofrecer ningún beneficio como retorno…. El pobre es el que queda fuera de la posibilidad de devolver algo en un mundo basado en el juego de dar y recibir… ¿Quiénes son los “sin poder”? Pueden ser los discapacitados psíquicos, los enfermos mentales, los pobres de solemnidad, los sin papeles, los “desechables”, los sin amigos bien situados… Este es el caldo de cultivo, biológico y social, de la aporofobia (p. 78-81).
Pero hay una buena noticia, que tiene que ver mucho con la educación y con la sensibilización y concienciación social. “La buena noticia es que nuestro cerebro tiene una gran plasticidad y se deja influir socialmente, incluso antes del nacimiento… Es necesario ir más allá de ello (afán de cooperar), hacia el reconocimiento recíproco de la dignidad y hacia la compasión… Que no viene como tal inscrita en los genes, instalada en el cerebro, pero la hemos bebido en tradiciones culturales que hacen de ella la experiencia humanizadora por excelencia”(p.81)
Viene una nueva época en la que muchas personas más estarán en esa situación de no poder dar nada a cambio en ese juego del dar y recibir. Si no somos capaces de reconocer su dignidad, desde la ética de la compasión, no podremos vivir esa experiencia humanizadora y de hacer un mundo más justo. Luchar contra la aporofobia va más allá de un necesario ingreso mínimo vital. Está en juego nuestra percepción y actitud social y política.
Luchar por la supervivencia es justo, luchar por la dignidad de todas las personas lo es más porque también es luchar por nuestra propia dignidad como "ser-para-los-demás".
No hay comentarios:
Publicar un comentario