domingo, 7 de febrero de 2021

Fronteras y justicia

 Separación, límite, distinto, desigual... ¡reto y oportunidad!

    Toda situación de injusticia tiene que ver con algunas fronteras, externas o internas. Las externas son las que muestran las divisiones y separaciones, generan o visualizan injusticias. La existencia de las mismas nos remiten a las fronteras internas, lo que nos bloquean, nos desvinculan, nos impiden la empatía y la compasión.

    La lucha por la justicia o el derribo de las fronteras que matan o incapacitan tiene mucho que ver con nuestra capacidad y voluntad.

    Capacidad en cuanto posibilidad de pasar de nuestra zona de seguridad y comodidad a la zona creativa del compromiso ciudadano dentro de la sociedad y la política. Este paso implica transitar por la zona de aprendizaje, imprescindible para erradicar la ignorancia, la falta de conocimiento, de análisis y la incapacidad para generar alternativas. 

    Voluntad como esfuerzo en el tránsito de nuestras "grandes ideas y valores" a la acción concreta y comprometida. Quizás sea la falta de voluntad que nos lleve a la acción, al movimiento, lo que explica que no hayamos llegado a la concienciación necesaria y al estímulo emocional requerido para transitar al otro lado de esa frontera. Nos quedamos anclados en nuestra zona de aprendizaje hasta que se convierte nuevamente en zona de seguridad y comodidad, sin llegar nunca al ámbito de la creatividad hecha acción, de la magia hecha alternativa, hasta hoy inédita. 

    No traspasamos nuestra propia frontera creada y apuntalada por nuestra sociedad de consumo, del placer y del confort. La ilusión generada por tanta experiencia ajena de lucha, por tanto curso de formación solidaria, por tanta (es un decir) lectura generadora de motivaciones varias, queda al final reducida al encanto altruista que desde su inoperancia edulcora un estilo de vida que, con matices, no hace sino consolidar el tipo de sociedad neoliberal que nos vende este capitalismo insuflado en vena.

    Eliminar las fronteras de las injusticias, requiere, por tanto, capacidad aprendida y voluntad fortalecida. Sin las dos todo compromiso se quedará en esa ilusión dopamínica (generada por grupos e instituciones emocionalmente calentitas y de refuerzo de nuestros "grandes valores") que nos debería impulsar a la acción, pero que, al quedarse en mera ilusión, su poder hormonal se desinfla con tanta facilidad como la que nos lleva la atención de un lugar a otro sin quererlo.

    ¿Nos reconocemos en ese quiero (me ilusiona, me convence, me motiva) pero no puedo (el tiempo, el esfuerzo, el no sé cómo, el desánimo, las distracciones)? ¿Entran en contradicción mis deseos e ilusiones con mis capacidades y mi fuerza de voluntad? 

    Nadie dijo que pasar por una frontera fuera fácil, más si son las generadas por las injusticias: altas, con pinchos, distancias, mares y océanos. Pero seamos sinceros con nosotros mismos, reconozcamos nuestra capacidad real y nuestra verdadera voluntad, pues así podremos empezar a derribar aquellas que nos imposibilitan generar alternativas de justicia.

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