¿Qué puede aportar la espiritualidad (y la reflexión cristiana) a la práctica de la justicia global? Muchas cosas. Una de ellas podría ser una concepción de la convivencia y del encuentro ciudadano que vaya más allá del teórico "contrato social" por el bien común. Este contrato, como contrato que es, se fundamenta en los intereses de las partes que buscan un común provecho del mismo. El problema está en aquellos que quedan sistemáticamente al margen de ese contrato social y de cualquier otro, que no son parte porque no cuentan, porque están silenciados e invisibilizados. Otro problema es el que surge cuando hay intereses "buenos" que entran en conflicto y cuya resolución siempre vendrá inclinada del lado de los que sustentan un mayor poder consciente, controlable, e inconsciente e incontrolable.
La propuesta iría entonces conceptualizada desde la idea de una "alianza comunitaria". Dos conceptos unidos con un gran recorrido de tipo espiritual (de sentido humano). La Alianza como pacto no sustentado desde el interés y protegido por el poder sino desde la alteridad, el otro como misión, como generador de compasión, como centro de mi interés por encima del propio, como dador de sentido de mi propia existencia. Comunitaria en cuanto a una visión que supera y trasciende al individuo, al egocentrismo, y pone el foco en las relaciones sociales como factor determinante de humanización y, por tanto, de felicidad compartida, la única posible desde una concepción global del mundo, del ser humano como especie y de la naturaleza como esencia que nos posibilita como seres.
¿Cómo sería una política basada en esta "alianza comunitaria"? Una política no basada sólo como "razón racional", apuesta de la ilustración y el modernismo, como si por ella sola fuéramos capaces de ser justos y buenos (por desgracia el siglo XX ya nos ha demostrado que no). Tampoco una política light, líquida y emocional propia de estos tiempos que corren y que caracterizan este postmodernismo con sus populismos y nacionalismos correspondientes. A lo mejor hay que apostar por esa política que equilibre la razón con la emoción, políticas racionalmente emocionantes y emotivamente racionales, pero que contengan una visión espiritual (dadora de sentido humano, individual y colectivo). Políticas que alíen al yo con el tú y con el otro, que hagan un nosotros sin un ellos. Políticas que entiendan al ser humano como un ser socio-comunitario, tan multidependiente y necesitado del otro como vulnerables que somos a nuestra propia naturaleza.
¿Y un partido que apueste por este tipo de políticas, con una mirada lo suficientemente global y humano para actuar en lo local desde esta alianza comunitaria? A lo mejor.
No hay comentarios:
Publicar un comentario